sábado, 7 de mayo de 2011

Cleavage científico: Tecnología vs. Naturaleza

El conflicto es inevitable. La conciliación parece imposible. No hay vencedores ni vencidos, porque aquí pierden todos.

La tecnología surge de la base de la transformación de la naturaleza para adaptarla a las necesidades humanas, pero la lucha por adaptar nuestro entorno se nos impone un tanto complicada. De hecho, sabemos que los seres humanos somos el animal más adaptable a las circunstancias naturales que nos rodean. Somos capaces de hacerlo, porque, de hecho, adaptamos nuestro entorno a nuestras necesiadades.

El progreso tecnológico ha demostrado crecer de un modo exponencial. Si todo comenzó por crear recipientes para transportar bienes líquidos (cantimploras y jarras) y sólidos (cestas, cajas y bolsas), después llegó la rueda, con los siglos la polea, y finalmente las fuentes motrices mecánicas, hemos llegado realmente a un punto en que nuestro conocimiento sobre el entorno que nos rodea es basto, al menos hablando en terminos comparativos con respecto a nuestro pasado como especie. El avance se nota en el crecimiento exponencial de los conocimientos y avances científicos y tecnológicos.

Nunca hemos empezado a ser inquietos, siempre lo hemos sido. El ser humano estudia vectores energéticos desde siempre, un resultado que estamos viendo en los grandes avances tecnológicos que día a día se sobrepasan a si mismos. Sin ir más lejos, aunque hay testimonios que hablan de fuentes persas que salían del suelo con el poder del vapor de agua, tan solo ha sido explotado para el máximo beneficio humano en los últimos dos siglos. Hoy, yo escribo en un ordenador. Puede parecer que no digo nada, pero recopilo: si de la rueda a la máquina de vapor van más de dos milenios, de la máquina de vapor al ordenador tan solo han pasado dos siglos.

No es precisamente el momento de hablar de la singularidad tecnológica, aunque debemos entender que el futuro de la humanidad pasa por ello. Es decir, empieza con un ser humano que tiene necesidades, construye máquinas para suplirlas, cada vez más avanzadas, hasta hacer que una máquina construya máquinas. Pasaremos a las máquinas de Von Neumann. Si a eso unimos las posibles interfaces entre seres humanos y máquinas, que nos permitirían obtener super-inteligencia, habremos llegado a un futuro en el que, nosotros del presente, seríamos incapaces de entender nada. ¿Nos entendería un cavernícola? ¿Entienderían sus pinturas los chimpancés?

Y justamente no es el momento de hablar de super-inteligencia porque, precisamente, vamos en camino opuesto. Vamos dirigidos hacia una idiocracia ridicula en la que las gentes ni siquiera saben como funciona una bombilla. Es gracioso que, en el tiempo en el que más alfabetizado está el mundo, hayamos caido a un pozo tecnológico en el que el que sabe algo es porque se ha especializado en ello, y no porque lo use. Es decir, en casa de herrero, cuchillo de palo, y yo vendo tornillos sin saber usarlos, por poner ejemplos. Lo grandioso en esta tesitura es que todo siga funcionando, sin sorprender tanto que el oscurantismo de las tecnologías en general haya logrado crear una sociedad tonta provista de todo tipo de accesorios tecnológicos en los que basa su vida.

Si ese fuese nuestro más prioritario problema, quizá tendríamos planteamientos frontales conta él. Pero no: se nos ha presentado el conflicto entre naturaleza y tecnología como una problemática medioambiental. Como decíamos, nadie gana: cuando arrebatamos a la naturaleza la imposición del tiempo y el espacio, construyendo coches, aviones, trenes barcos y otros transportes, resulta que la naturaleza nos responde: "¿Dónde creiais que ibais?", nos para los pies, y nos demuestra que la equivalencia fuerza-energía no se puede tomar como una cuestión de adquirir más energía para tener más fuerza. No se puede interpretar así como así, sin tener en cuenta el resto de factores que influyen en la vida humana como, por ejemplo, la química del aire. Si realmente de forma natural tenemos una fuerza limitada a una energía limitada, algo cambiará en la naturaleza si eso cambia en nosotros. Encima, nuestro alcance es global.

Pero aprendemos. No es para tanto lo que estamos haciendo: aprendemos. Podemos volver los pasos atrás, o podemos buscar otros medios, pero, sobretodo, aprendemos. El problema surge, como siempre, en manos de los conservadores y liberales...

Si el negocio es rentable, si el derecho obtenido no se altera, no importa el riesgo medio-ambiental. Si el negocio de venta de combustible fósil es rentable, y si permite que se mantenga el derecho conservador de exigir y obtener más de lo que se necesita, que en este caso ejemplar es la simple potencia de movimiento, el medio-ambiente es secundario. Vendrán representantes de Dios, hablando en su nombre, diciendo que si todo eso está en la naturaleza es para el disfrute humano. o que, en todo caso, jamás un Dios como "el nuestro", o suyo, permitiría que nuestras acciones fuesen causa de problemas atmosféricos. Incluso se negarán esos problemas, o, casi con sorna cómica, se dirá que son castigo a los pecados de la tan numerosa especie a la que pertenecemos. Es decir, según dichas ideas no tenemos nada que aprender, pero si mucho que esperar. Curiosamente, estas ideas parecen luchar contra el antropocentrismo, afirmando que nada es culpa del hombre, cuando es justamente lo más antropocéntrico que existe al hacer ver que el ser humano es, simplemente, capaz de explotar irracionalmente los recursos de la naturaleza por el mero hecho de ser humano, y por lo tanto debe hacerlo. Es decir, erige a la especie humana como la potente, y más aún, pre-potente, sin ningún rubor.

Hoy día el progreso científico y tecnológico del ser humano nos demuestra que debemos dar pasos atrás, andar en lateral, aceptar otras opciones aunque eso signifique renunciar a alguno de nuestros derechos, y extender las mismas posibilidades para todos. El motivo es simple: no todos somos titulares de esos derechos, como el acceso al agua potable, a la electricidad, a los vehículos automotrices o a las tecnologías de la información, porque no todos los humanos tenemos acceso a ellos. Y ejerciendolos, encima, contaminamos. Hemos mejorado la eficiencia del consumo energético, trayendo el día a la noche, y eso nos ha hecho creer que, por poder, podemos. Nos quejamos del nuevo "Capitalismo de base - Socialismo de élite", pero si obviamos eso, sigue siendo patente que todos pagamos lo que unos pocos disfrutamos. Meramente por nuestro sobre-consumo energético.

No hay comentarios:

Publicar un comentario